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Posts Tagged ‘Corazón’

Un niño estaba de pie en la playa. Un barco de pesca regresaba bordeando la costa. El niño hacía grandes señales para llamar la atención de los pasajeros. Cerca de él había un hombre que lo estaba observando y le dijo: “¡No seas tonto, el barco no va a cambiar de rumbo aunque muevas los brazos!”. Pero inesperadamente el barco viró y se acercó a la orilla. Echaron un bote al mar y éste vino a recoger al niño. Una vez a bordo, el niño gritó desde la cubierta: “¡Señor, no soy tonto; el capitán del barco es mi padre!”.

Esta historia contiene una linda enseñanza: ¿Por qué el capitán cambió de rumbo? No fue porque el niño tuviera derecho a parar el barco, sino porque se trataba de su hijo.

Cuando las circunstancias de la vida son difíciles y no hay esperanza, ¿puede ser que Dios cambie el curso de las cosas por un sólo hombre que ore? Sí, y el que gobierna el universo a menudo lo hace, porque la persona que ora no sólo es un hombre, sino es su “Hijo”.

Al igual que este niño de la playa, podemos ser incomprendidos, pero no dejemos de orar a Dios, a pesar de su grandeza, y a veces de su silencio, pues es nuestro Padre, quien nos conoce personalmente. Aquel niño era insignificante ante un barco, pero ocupaba un lugar importante en el corazón del capitán.

La Buena Semilla

 

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Era un muchacho itinerante, entrenador de caballos, que iba de un establo a otro, de una granja a otra, de un rancho a otro entrenando caballos. Como consecuencia de ello, los estudios del muchacho se veían siempre interrumpidos. Cuando ya estaba en secundaria, le pidieron que escribiera un trabajo sobre lo que quería ser y hacer cuando fuera grande. Esa noche, escribió una redacción de siete páginas en la que describía su meta de tener algún día un rancho. Escribió su sueño con mucho detalle y hasta dibujó un croquis del rancho de cien hectáreas, en el que señaló la ubicación de todos los edificios, los establos y la pista. Después dibujó un plano detallado de una casa de mil trescientos metros cuadrados que se levantaría en el rancho soñado.
Puso mucho de su corazón en el proyecto y al día siguiente se lo entregó a su profesor. Dos días más tarde, recibió de vuelta su trabajo. En la primera página había una “M” roja grande y una nota que decía: “Ven a verme después de clase”. Fue a verlo y le preguntó: ¿Por qué me aplazó? “El profesor le dijo: Es un sueño poco realista para un chico como tú. Vienes de una familia errante, no tienes recursos. Para tener una hacienda como ésta hace falta mucho dinero. No podrías hacerlo de ninguna forma – Luego de lo cual, el profesor agregó – Si vuelves a hacer el trabajo con un objetivo más realista, reconsideraré tu nota”.
El joven volvió a su casa y pensó mucho. Le preguntó a su papá qué debía hacer. Su padre le dijo: “Mira, hijo, tienes que decidir por ti mismo. De todos modos, creo que es una decisión importante para ti”. Finalmente, después de reflexionar durante una semana, el joven entregó el mismo trabajo, sin hacer ningún cambio y le dijo al profesor: “Puede quedarse con mi “M”, yo me quedaré con mi sueño”.
Monty se volvió entonces al grupo reunido y dijo: -Les cuento esta historia porque están sentados en mi casa de mil trescientos metros cuadrados en el medio de mi rancho de cien hectáreas. Todavía tengo aquel trabajo enmarcado sobre la chimenea. Luego agregó: -Lo mejor de la historia, es que hace dos veranos, ese mismo profesor trajo a sus alumnos a acampar a mi rancho. Cuando se iba me dijo: “Mira Monty, ahora puedo decírtelo. Cuando era profesor tuyo, era una especie de ladrón de sueños. Durante esos años, robé un montón de sueños a muchos niños. Por suerte, tuviste el coraje como para no abandonar el tuyo”.

“No dejes que nadie te robe tus sueños. Obedece a tu corazón, pase lo que pase”.

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No rechaces la disciplina. Acéptala, adminístrala. Déjate educar, pulir y cincelar. Tú y yo somos como piedras preciosas en bruto. Existe dentro de nosotros un diamante escondido, que solo las adversidades de la vida serán capaces de descubrirlo, pero es Dios el único que podrá realzar su valor.

“Dios, al que ama, disciplina”  Hebreos 12:5-6

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1º “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”.

2º “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

*Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos.

Regla de Oro:

“Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe y el que busca, halla y al que llama, se le abrirá”. San Mateo 7:7-8

Para leer la historia completa, por favor ingresa a: http://www.cvclavoz.com/index.php?url=blog&id=72

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Orar es abrir nuestro corazón a Dios como quien habla con un amigo. Pero no debemos permitir que esa confianza y seguridad con la que nos acercamos a Dios se convierta en irreverencia, como a quien le damos una lista de tareas que debe cumplir y con detalles de cómo y cuándo cumplirlos, sino,  debemos mantener un espíritu de reverencia en su presencia.

“Orar es… conversar con Dios”  http://www.cvclavoz.com/index.php?url=hearyou&post=642

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A inicios del siglo 20, durante una conferencia con varios universitarios, un profesor de la Universidad de Berlín, propuso un desafío a sus alumnos con la siguiente pregunta: “¿Dios creó todo lo que existe?” Un alumno respondió, valientemente: Si, Él lo creó. ¿Dios realmente creó todo lo que existe? Preguntó nuevamente el maestro. Si señor, respondió el joven. El profesor respondió: “Si Dios creó todo lo que existe, ¡entonces Dios hizo el mal, ya que el mal existe! Y si establecemos que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, ¡entonces Dios es malo!” El joven se calló frente a la respuesta del maestro, que feliz, se regocijaba de haber probado, una vez más, que la fe era un mito.

Otro estudiante levantó la mano y dijo: ¿Puedo hacerle una pregunta, profesor? Lógico, fue la respuesta del profesor. El joven se paró y preguntó: Profesor, ¿el frío existe? ¿Pero que pregunta es esa? Lógico que existe, ¿o acaso nunca sentiste frío? El muchacho respondió: “En realidad, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en verdad es la ausencia de calor. Todo cuerpo o objeto es factible de estudio cuando posee o transmite energía; el calor es lo que hace que este cuerpo tenga o transmita energía”. “El cero absoluto es la ausencia total de calor; todos los cuerpos quedan inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Nosotros creamos esa definición para describir de que manera nos sentimos cuando no tenemos calor.” Y, ¿existe la oscuridad? continuó el estudiante. El profesor respondió: Existe. El estudiante respondió: La oscuridad tampoco existe. La oscuridad, en realidad, es la ausencia de luz. “La luz la podemos estudiar, ¡la oscuridad, no! A través del prisma de Nichols, se puede descomponer la luz blanca en sus varios colores, con sus diferentes longitudes de ondas. ¡La oscuridad, no! “¿Como se puede saber qué tan oscuro está un espacio determinado? Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio.” “La oscuridad es una definición utilizada por el hombre para describir qué ocurre cuando hay ausencia de luz.” Finalmente, el joven preguntó al profesor: Señor, ¿EL MAL EXISTE? El profesor respondió: Como afirmé al inicio, vemos crímenes y violencia en todo el mundo. Esas cosas son del mal. El estudiante respondió: “El mal no existe, Señor, o por lo menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia del bien. De conformidad con los anteriores casos, el mal es una definición que el hombre inventó para describir la ausencia de Dios.” Dios no creó el mal. El mal es el resultado de la ausencia de Dios en el corazón de los seres humanos.

Es igual a lo que ocurre con el frío cuando no hay calor, o con la oscuridad cuando no hay luz. El joven fue aplaudido de pié, y el maestro, moviendo la cabeza,  permaneció en silencio. El director de la Universidad, se dirigió al joven estudiante y le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? Me llamo, ALBERT  EINSTEIN.

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La manera en que definas tu vida determina tu destino. Tu manera de ver las cosas influirá en cómo empleas tu tiempo, tu dinero, tus talentos y cómo valoras tus relaciones.

Dios observa constantemente tu reacción con la gente, los problemas, los éxitos, los conflictos, la enfermedad, el desaliento e incluso el tiempo.

Cuando entiendes que la vida es una prueba, te das cuenta de que nada es insignificante para ti. Que a veces Dios se aleja intencionalmente y no sentimos su cercanía, a fin de prepararnos para una responsabilidad mayor.

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