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Posts Tagged ‘Crecer’

No rechaces la disciplina. Acéptala, adminístrala. Déjate educar, pulir y cincelar. Tú y yo somos como piedras preciosas en bruto. Existe dentro de nosotros un diamante escondido, que solo las adversidades de la vida serán capaces de descubrirlo, pero es Dios el único que podrá realzar su valor.

“Dios, al que ama, disciplina”  Hebreos 12:5-6

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El fabricante de lápices le habló al lápiz diciendo: Hay cinco cosas que tú necesitas conocer antes que te envíe al mundo. Recuérdalas siempre y llegarás a ser “el mejor lápiz” que puedas.

1º Tú serás capaz de hacer grandes cosas, pero solo si permites que alguien te sostenga de la mano.

2º De vez en cuando experimentarás el dolor, cuando te saquen punta, pero será necesario, para que seas un mejor lápiz.

3º Tú tienes la habilidad de corregir cualquier error que hayas cometido.

4º La parte más importante de ti, siempre será lo llevas dentro.

5º No importa cual sea la situación, tú debes continuar escribiendo. Tú siempre dejarás una marca clara y legible, a pesar de las circunstancias.

El lápiz prometió recordarlas y entró en la caja, comprendiendo totalmente el propósito de su fabricante.

Ahora tú ocupa el lugar del lápiz:

1º Tu serás capaz de hacer grandes cosas, pero sólo si te permites a ti mismo ser sostenido por la mano de Dios y si permites que otras personas tengan acceso a ti, debido a los muchos dones que tú posees.

2º En ocasiones, atravesarás por diversos problemas, pero serán necesarios para que llegues a ser una persona más fuerte.

3º Serás capaz de corregir los errores que hayas cometido o de crecer por intermedio de ellos.

4º La parte más importante de ti, siempre será lo que está en tu interior.

5º En cada superficie que camines, dejarás tu huella.

Cada uno de nosotros es como éste lápiz, creado por el Hacedor para un propósito único y especial.

Recuerda: Tu fuiste creado para hacer Grandes Cosas!!!

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El dolor es un verbo más, que se conjuga en el ser humano, pero que debe ser asumido en paz, enfrentado como un reto o como un peldaño, que al superarlo, te hace fuerte, te enseña a valorar lo que tienes, te asemeja a Aquel que por amor, su vida entregó e hizo del dolor, “Redención”.

El dolor no deforma, “transforma”, es una gran verdad y eso lo sustentan, quienes al sufrir, sienten que han crecido y se han fortalecido aún más. Aquello que alguna vez te hace sufrir, al superarlo, te hará feliz de verdad; te enseñará a ver la vida con nuevos ojos, y podrás experimentar en tu corazón una gran paz, que se hará presente en cualquier momento que vivas, ya sea al reír o al llorar.

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Uno crece cuando no hay vacio de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe.

Uno crece cuando acepta la realidad y tiene aplomo para vivirla. Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para mejorarlo.

Uno crece asimilando lo que deja atrás, construyendo lo que tiene por delante y proyectando lo que puede ser el porvenir.

Crece cuando se abre camino dejando huellas, asimilando experiencias y sembrando raíces.

Uno crece cuando se impone metas, sin importarle comentarios negativos, ni prejuicios; cuando da ejemplos sin importarle burlas ni desdenes; cuando cumple con su misión.

Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas. Recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante el polvo.

Uno crece, ayudando a sus semejantes, conociéndose así mismo y dándole a la vida, más de lo que de ella recibe.

Uno crece cuando se clava como ancla y se ilumina como estrella. Crece cuando se supera, se valora y sabe dar frutos.

¿Y crece cuando cree, espera y confía en su Creador!

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Helecho y Bambú

Un día un hombre decidió darse por vencido…renunciaba a su  trabajo, a su relación,  a su espiritualidad… quería renunciar a su vida.  Fue al bosque para tener una última charla con Dios.  -“Dios”, le dijo. -“¿Podrías darme una buena razón para no darme por vencido?” Su respuesta me sorprendió…”  Mira a tu alrededor”, El dijo: “Ves el helecho y el bambú?” -“Sí”, respondió. “Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. Les di luz. Les  di agua. El helecho rápidamente creció. Su verde  brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla del bambú. Sin embargo no renuncié al bambú.

En el segundo año el helecho creció más brillante y  abundante. Y nuevamente, nada creció de la semilla del bambú. Pero no renuncié al bambú. En el tercer año, aun nada  brotó de la semilla del bambú. Pero no renuncié. En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla del bambú. No renuncié.  Luego en el quinto año un pequeño brote salió de la tierra. En comparación con el helecho era aparentemente muy pequeño e insignificante. Pero sólo 6 meses después el bambú creció a más de 100 pies de altura. Se la había pasado cinco años echando raíces. Aquellas raíces lo  hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.

“No le daría a ninguna de mis creaciones un reto que no pudiera sobrellevar”. “No renuncié al bambú. Nunca renunciaría a ti. Tu tiempo llegará y crecerás muy alto.

Nunca te arrepientas de un solo día en tu vida.

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