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Posts Tagged ‘Niño’

Un niño estaba de pie en la playa. Un barco de pesca regresaba bordeando la costa. El niño hacía grandes señales para llamar la atención de los pasajeros. Cerca de él había un hombre que lo estaba observando y le dijo: “¡No seas tonto, el barco no va a cambiar de rumbo aunque muevas los brazos!”. Pero inesperadamente el barco viró y se acercó a la orilla. Echaron un bote al mar y éste vino a recoger al niño. Una vez a bordo, el niño gritó desde la cubierta: “¡Señor, no soy tonto; el capitán del barco es mi padre!”.

Esta historia contiene una linda enseñanza: ¿Por qué el capitán cambió de rumbo? No fue porque el niño tuviera derecho a parar el barco, sino porque se trataba de su hijo.

Cuando las circunstancias de la vida son difíciles y no hay esperanza, ¿puede ser que Dios cambie el curso de las cosas por un sólo hombre que ore? Sí, y el que gobierna el universo a menudo lo hace, porque la persona que ora no sólo es un hombre, sino es su “Hijo”.

Al igual que este niño de la playa, podemos ser incomprendidos, pero no dejemos de orar a Dios, a pesar de su grandeza, y a veces de su silencio, pues es nuestro Padre, quien nos conoce personalmente. Aquel niño era insignificante ante un barco, pero ocupaba un lugar importante en el corazón del capitán.

La Buena Semilla

 

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Con un bebe de brazos, una mujer muy asustada llega al consultorio de su ginecólogo y le dice: Doctor: por favor ayúdeme, tengo un problema muy serio. Mi bebé aún no cumple un año y ya estoy de nuevo embarazada. No quiero tener hijos en tan poco tiempo, prefiero un espacio mayor entre uno y otro.

El médico le preguntó: Muy bien, ¿qué quiere que yo haga? Ella respondió: Deseo interrumpir mi embarazo y quiero contar con su ayuda. El médico se quedó pensando un poco y después de algún tiempo le dice: Creo que tengo un método mejor para solucionar el problema y es menos peligroso para usted.

La mujer sonrió, pensando que el médico aceptaría ayudarla. Él siguió hablando: Vea señora, para no tener que estar con dos bebés a la vez en tan corto espacio de tiempo, vamos a matar a este niño que está en sus brazos. Así usted tendrá un periodo de descanso hasta que el otro niño nazca. Si vamos a matar, no hay diferencia entre uno y otro de los niños. Y hasta es más fácil sacrificar éste que usted tiene entre sus brazos puesto que usted no correrá ningún riesgo.

La mujer se asustó y dijo: ¡No, doctor! ¡Qué horror! ¡Matar a un niño es un crimen!. También pienso lo mismo, señora, pero usted me pareció tan convencida de hacerlo, que por un momento pensé en ayudarla.

El médico sonrió y después de algunas consideraciones, vio que su lección surtió efecto. Convenció a la madre que no hay la menor diferencia entre matar un niño que ya nació y matar a uno que está por nacer, y que está vivo en el seno materno.

¡ EL CRIMEN ES EXACTAMENTE EL MISMO !

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Mañana en la mañana abriré tu corazón le explicaba el cirujano a un niño. Y el niño interrumpió: -¿Usted encontrará a Jesús allí? El cirujano se quedó mirándole, y continuó: -Cortaré una pared de tu corazón para ver el daño completo. Pero cuando abra mi corazón, ¿encontrará a Jesús ahí?, volvió a interrumpir el niño. Cuando haya visto todo el daño allí, planearemos lo que sigue, ya con tu corazón abierto. Pero, ¿usted encontrará a Jesús en mi corazón? La Biblia dice que Él vive allí, las alabanzas todas dicen que Él vive allí…. ¡Entonces usted lo encontrará en mi corazón! El cirujano pensó que era suficiente y le dijo: Me daré cuenta si te podemos ayudar o no. ¿Pero encontrará a Jesús allí también? Es su hogar, Él vive allí, siempre está conmigo. El cirujano no toleró más los insistentes comentarios y se fue. Enseguida se sentó en su oficina y procedió a grabar sus estudios previos a la cirugía: aorta dañada, vena pulmonar deteriorada…Tomó una pausa y en tono triste dijo: muerte dentro el primer año. Entonces detuvo la grabadora. Pero, tengo algo más que decir: ¿Por qué? preguntó en voz alta ¿Por qué le hiciste esto a él? Tú lo pusiste aquí y lo has sentenciado a una muerte temprana ¿Por qué? De pronto, Dios, nuestro Señor le contestó: El niño, mi oveja, ya no pertenecerá a ese rebaño porque él es parte del mío y conmigo estará toda la eternidad. Aquí en el cielo, ya no tendrá ningún dolor, será confortado de una manera inimaginable. Sus padres un día se unirán con él y conocerán la paz y armonía de mi reino. El cirujano empezó a llorar terriblemente, pero sintió aun más rencor, no entendía las razones. Y replicó: Tú creaste a este muchacho, y también su corazón ¿Para qué? ¿Para que muera dentro de unos meses? El Señor le respondió: Porque es tiempo de que regrese a su rebaño, su tarea en la tierra ya la cumplió. Hace unos años envié una oveja mía con dones de doctor para que ayudara a sus hermanos, pero con tanta ciencia se olvidó de su Creador. Así que envié a mi otra oveja, el niño enfermo, no para perderlo sino para que regresara a mí aquella oveja perdida hace tanto tiempo. El cirujano lloró y lloró inconsolablemente. Días después, luego de la cirugía, el doctor se sentó a un lado de la cama del niño, mientras que sus padres lo hicieron frente al médico. El niño despertó y murmurando rápidamente preguntó: -¿Abrió mi corazón? Si – dijo el cirujano -¿Qué encontró? preguntó el niño. -Tenías razón, encontré allí a Jesús, le respondió el doctor.

Dios tiene muchas maneras y formas diferentes para que tú regreses a su lado.

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